Opinión e Investigación

CENTRO DE INVESTIGRACIÓN Y ESTUDIOS POLÍTICOS Y ESTRATÉGICOS.
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Nueva hipótesis sobre la muerte de Hugo Chávez, contaminado con radiación.

La causa de la muerte del presidente Hugo Chávez ha sido objeto de controversias, por un lado la mayoría de la oposición venezolana aceptó, sin ninguna duda, que la enfermedad fue producto de su ritmo de trabajo u otras razones de carácter natural. Por otro lado quienes respaldan a la revolución venezolana se dividen entre quienes aceptan, a regañadientes, la tesis de una muerte natural, pero también hay una parte de sus seguidores, y en general del pueblo venezolano, que no se conforma con esa teoría debido a que Hugo Chávez no era un ciudadano común.

Hugo Chávez fue un líder extraordinario que, con un pensamiento estratégico, logró demostrar que es posible hacer transformaciones sociales significativas sin someterse a ningún otro país. Chávez rescató la dignidad de un pueblo y demostró, al mismo tiempo, que ese pueblo es capaz de luchar por su libertad plena. Ese liderazgo extraordinario fue lo que motivó, a quienes perdieron privilegios con la llegada de la revolución, a intentar sacarlo del poder por cualquier vía, incluso el magnicidio. Públicamente se conocieron más de treinta atentados contra su vida pero se sabe que hubo muchos más. Se valieron de técnicas ordinarias, como el intento que tuvo en el año 2007 en la ciudad de Valencia donde las trazas de láser de un francotirador iluminaron su pecho, pero también de técnicas no ordinarias para intentar asesinarlo.

Los resultados definitivos sobre la causa definitiva que provocó su enfermedad deben venir de una investigación responsable, científica y con acceso a evidencias, que permitan tener un panorama claro sobre la posibilidad de un magnicidio o no. Uno de los primeros elementos a considerar es el tipo de cáncer que sufrió, de carácter “inusual y extraordinario”, al estilo estadounidense. Un segundo elemento son los antecedentes de atentado con armas no convencionales que tuvo el presidente y, por último, pero no menos importante, es la negativa de la Agencia de Central de Inteligencia (CIA) de reconocer si participó o tiene conocimiento sobre la causa de la muerte de Hugo Chávez. Aunque estos tres elementos no son conclusivos, si representan argumentos que permiten justificar una duda razonable, la cual debe ser despejada.

Al morir el presidente se manejó la teoría de que el cáncer pudo ser inoculado, es decir, se pudo contaminar intencionalmente su cuerpo con células cancerígenas o una sustancia que las provocara. La dirigencia oposicionista inmediatamente salió a manifestar que esto era imposible y que tenía que haber sido una muerte natural. Esta afirmación es falsa ya que desde hace décadas la inoculación de cáncer es una práctica común en ratones y otros animales de laboratorio, además hay muchos antecedentes de vacunas contaminadas o de enfermedades que pueden contagiar algunos tipos de cáncer. Esto sin mencionar a varios centros militares de investigaciones de armas no convencionales, que se dedican a desarrollar armas biológicas de supuesto carácter defensivo.

Una investigación de cuatro años de trabajo donde se estudió cuál pudo ser el agente letal, el arma utilizada, los posibles elementos radioactivos, autores materiales, la vía de penetración al cuerpo, la evolución de la enfermedad y los antecedentes, se determinó que, aunque el comandante Chávez pudo ser inoculado con cáncer, la hipótesis más probable es la contaminación por contacto directo con algún elemento radioactivo o radioinducida con un aparato portátil emisor de radiación, sin contacto directo.

Existe un antecedente importante cuando en la ciudad de Nueva York en el año 2006, en un viaje que hizo el presidente a una cumbre de la ONU, en un acto (no oficial) se detectó que la silla donde estaría el presidente estaba contaminada con radiación, alguna sustancia radioactiva la recubría y de no haberse detectado pudo enfermar con algún tipo de cáncer. El presidente, según información extraoficial, tuvo un tipo de cáncer llamado sarcoma. Los sarcomas representan el 0,7% de los casos de cáncer en el mundo, el tipo de sarcoma que sufrió se conoce como leimiosarcoma, que a su vez representa el 5% de los sarcomas, esto significa que la probabilidad de que Hucho Chávez enfermara de ese tipo de cáncer específico era de 0,035%. Esto no quiere decir que sea imposible enfermarse de manera no intencional de dicha enfermedad, sin embargo genera sospecha lo bajo de esa cifra.

¿Pudo ser inducido el sarcoma? está bien documentado que el 3 % de los sarcomas son producto de sesiones previas de radioterapia. En el caso del presidente Chávez, las radioterapias fueron producto del cáncer y no lo contrario. Sin embargo, hay la posibilidad de haber recibido un ataque con un emisor de radiación portátil direccionado al área donde Chávez desarrollo el tumor. Los sarcomas radioinducidos son mucho más agresivos que los sarcomas tradicionales. Aparecen en regiones complicadas y dificultan su tratamiento por medio de cirugías. La exposición a ondas electromagnéticas de alta frecuencia por un tiempo prolongado, que dependiendo de la potencia serían suficiente unos minutos, explicaría todos los datos publicados sobre la enfermedad del presidente Chávez y coincide con la hipótesis de sarcoma radioinducido.

En los próximos días la editorial Insurgente publicará el libro “La Muerte de Hugo Chávez, la Vida por su Pueblo”, escrito por Astolfo Sangronis Godoy. Con el apoyo de varias personas que trabajaron y protegieron al comandante durante todo su mandato, e incluso antes, ee pudo realizar un trabajo de manera responsable y sin especulaciones. Con el único objetivo que saber, sin lugar a dudas, la causa real de su muerte. El libro está orientado a quienes no se conforman con esperar la respuesta y prefieren buscarla. De la misma forma que Hugo Chávez lo hizo con Simón Bolívar, al investigar la causa de su muerte en el año 2010, debemos buscar la verdad de lo ocurrido para exigir justicia.

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¿Un nuevo Caracazo?

En los últimos días, diversos sectores de la oposición venezolana han venido especulando mucho sobre la posibilidad de repetición de una explosión social, de la magnitud ocurrida en febrero de 1989. Cabe preguntarse ¿Qué de verdad tiene esté planteamiento? ¿Están planteadas las condiciones para tales protestas? ¿Es la misma circunstancia política y económica de entonces, repetida en el hoy?.

Comenzamos por afirmar, que si bien al realizar un análisis comparativo, en término de formas de descontento y protestas, encontramos circunstancias similares, en cuanto a desánimo, incertidumbre ante el futuro inmediato, estas similitudes pierden alcance cuando analizamos las condiciones económicas bajo las cuales se presentó la protesta popular en febrero de 1989. Sostenemos, que es esté el elemento principal que permite indicar y señalar la diferencia entre 1989 y las actuales circunstancias del país entre 2015-2017.

Veamos en detalle a lo que nos referimos. Entre 1979 y 1989, el país entró en una década marcada por el deterioro social. En ese período el PIB cayó 35%, de hecho contrasta el promedio de 0,82% de crecimiento del PIB en el período 1981-1990, con el 2,02 de la década 1991-2000 . El ingreso real promedio de los venezolanos disminuyó un 59%, el número de hogares pobres se incrementó en un 156%, y el número de hogares en situación de pobreza crítica en un 337%. El ingreso real cayó en un 63%. El empleo informal había aumentado en más de 60%. Ese deterioro, era consecuencia de un conjunto de procesos y acciones. Principalmente (y por eso los intentos de establecer una analogía apretada con el hoy) debido a la disminución de los ingresos petroleros, la decisión de dedicar casi la mitad de los disminuidos ingresos petroleros al pago de la Deuda externa, la consecuente reducción del gasto público, en materias de salud y educación, así como de subsidios. La consecuencia: el incremento de las desigualdades y la exclusión y la acumulación de frustraciones, anhelos y desesperanza, sin opciones políticas claras, pues el sistema bipartidista, continuaba sumido en una lucha encarnizada, que no priorizaba la atención de la calidad de vida del venezolano.

Al leer lo que escribo, pudiera cualquiera decir que hay semejanzas preocupantes del ayer (1989) con el hoy (2015-2017). Mi respuesta diría que sí, pero no. Sí, en cuanto a la caída de los ingresos petroleros y el impacto que tiene sobre la actividad pública. Sí, en cuanto a la dependencia de calorías y proteínas provenientes de la importación alimentaria. No obstante, hay diferencias importantes en lo relativo al accionar de la gestión de gobierno. Hay sin duda una similitud, pues el precio del petróleo disminuyó, reduciendo la capacidad fiscal del Estado para realizar gestión pública, pero – y ahí radica la diferencia- en el hoy, la política del Estado ha insistido en la permanencia –con un gran esfuerzo fiscal- de las políticas sociales relativas al sector alimentario, salud, educación, trabajo, entre otros.

Hoy escuchamos a sectores provenientes del área industrial agroalimentaria hablar que nunca antes habíamos importado tanto, que en anteriores períodos la producción agrícola abastecía las necesidades internas. Habría que mostrarles la relación importación/exportación agrícola en el período 1990-1998. En 1990, se importó 756 millones US$ y se exportó 358. En 1991, la relación fue 1064/334 millones US$. En 1992, 1290/371 millones US$. En 1993, 1319/430. Y así se mantiene una tendencia hasta el día de hoy. Este dato, es significativo para demostrar que la crisis alimentaria del mercado interno venezolano, no es una acción asignada exclusivamente a las políticas económicas del proyecto Bolivariano (y esto no significa que neguemos los errores cometidos en su diseño), sino que se corresponde con el comportamiento rentista e improductivo de ese sector agrícola productor (así como el industrial).

La diferencia esencial y que explica la diferencia entre el climax de la protesta ayer y la posibilidad real que ocurra hoy, es el tema de la relación ingresos petroleros/pago de deuda/reservas internacionales. Ayer, entre 1986-1989, como hoy 2015-2017, tienen en común una abrupta caída de los precios del petróleo. La diferencia estriba en el monto destinado al pago de la Deuda, que en 1983-1989 llegó a representar casi el 50% de los ingresos, mientras que en el actual período 2013-2016 no llega al 20%. Esa diferencia, se manifiesta en el mantenimiento de políticas de gasto social en la actualidad y en la contención de un potencial foco conflictivo. En lo que respecta a las reservas internacionales, el punto de comparación es más extremo. Las reservas que en el año 1985 tuvieron un aproximado que rondaba los 13.000 millones US$, bajaron a 9.000 millones US$ en 1987, y a 6.500 millones US$ en 1989. Entre 2011-2015, las reservas internacionales no se han visto tan afectadas, a pesar de la creciente inversión social realizada por el Gobierno. En 2011, fue de 28.000 millones US$; en 2012 cerró casi en 29.000 millones US$, en 2013 se redujo a 21.000 US$, 2014 cerró en 22.077 millones US$ y en 2015, 16.358 millones US$.

Se puede decir, que en ambos momentos la movilidad social y la protesta es elevada, pero como bien lo hemos demostrado, la protesta social en el período 1989-1998 tuvo su expresión en el impacto social y económico que produjo la política de ajuste neoliberal (privatización, reducción del tamaño del Estado, aumento de servicios, eliminación o reducción de programas sociales, entre otros), acumulando frustración, rabia y marcó el despertar político de los sectores excluidos e invisibilizados, por esas políticas neoliberales. Hoy, esos sectores están siendo afectados, en conjunto con la clase media, por una sistemática política enmarcada en acciones de Guerra psicológica, que desaparecen productos, acapara, especula y produce presiones sociales, como bien lo ha demostrado el detallado trabajo de la economista Pascualina Curcio Curcio , buscando con ello impulsar un clima de protesta social que desestabilice al actual Gobierno de Nicolás Maduro. En este aspecto, y como último elemento de esta comparación, las protestas sociales y colectivas de 1989, no tuvieron una direccionalidad política, por parte de los actores opositores del momento (los partidos de izquierda desde el MAS, Causa R, PCV entre otros); al contrario de lo acontecido hoy (2014-2017), cuando los actores opositores se encuentran detrás de la protesta (en términos de organización y movilización).

Finalmente, nos lleva a concluir, que las condiciones de explosión social que nos permiten entender el estallido de febrero de 1989, tanto en términos económicos como sociales, están bastante distantes de lo ocurre hoy, incluso con el impacto que genera una inflación en el 2015 de 186%. A pesar, el mantenimiento de las políticas sociales, luce como un factor de contención, aunque sin duda, el tiempo social se le agota al Presidente Nicolás Maduro, sobre todo ante un colectivo-pueblo que exige acciones efectivas y concretas. Es un punto de no retorno para el proyecto bolivariano, formulado desde 1992. Se profundiza en la construcción de la idea del buen vivir o se fracasa en el intento, abriendo la puerta a una nueva oleada neoliberal, cuyo impacto es incalculable. Venimos sosteniendo que estamos en una circunstancia de empate catastrófico, que sólo puede ser roto mediante la acción colectiva y organizada, superando las trabas burocráticas y clientelares que nos amenazan y que se conjugan con las acciones desestabilizadoras, que adelantan actores radicales de la oposición. El qué hacer, estará marcado por la recuperación del impulso ético que caracterizó el proyecto bolivariano en su 1era etapa (1999-2006).

¿Hasta Cuándo los Problemas?

Desde 1999 hemos visto como han evolucionado los planes de la patria hasta llegar al Segundo Plan Socialista (2013-2019), estos planes se caracterizaron por marcar el rumbo de la revolución señalando las estrategias para fortalecer la patria. El actual Plan de la Patria se distingue por describir las líneas de acción (objetivos históricos), también cuenta con datos concretos de cómo se ejecutaran esas líneas. Sin embargo a pesar de tocarlo de manera parcial no se establece de manera general el ¿cuándo se concretará la solución estructural de los problemas?

Es cierto que nuestro país tiene problemas de distintos tipos, unos más graves que otros, la mayoría heredados de la descomposición y dependencia propia del modelo capitalista, pero otros problemas más recientes están asociados más bien a los mecanismos de defensa del modelo capitalista, que se evidencian al momento en que nuestro gobierno intenta tocar las bases que lo sostienen. En ambos casos dichos problemas nos afectan y el gobierno (principalmente) tiene la obligación de dar una respuesta efectiva.

Uno puede pensar que si todavía hay problemas menores sin resolver, como avalar un permiso médico en el Seguro Social, cómo es posible darle respuesta a problemas mayores como la inseguridad o el autoabastecimiento. Sin embargo una pieza clave que conforma la respuesta a estos problemas estructurales es la designación de una fecha estimada para la solución de estos problemas. Esta idea fue puesta en marcha por el presidente Hugo Chávez cuando anunció la Gran Misión Vivienda Venezuela donde se propuso solucionar el inmenso, y aparentemente eterno, problema del acceso a la vivienda en nuestro país. Esta Misión se propuso la construcción de 2.000.000 de viviendas en 7 años para compensar el déficit actual.

Actualmente se ha avanzado un 35% de la meta final, aunque es cierto que no todo ha sido perfecto y han surgido algunos problemas en la ejecución de dicho plan, esos problemas representan un porcentaje muy bajo en comparación con las viviendas ejecutadas y entregadas exitosamente. Cientos de miles de personas viven en su nuevo hogar, logrando tener una respuesta eficiente por parte del Estado revolucionario. Este ejemplo puede servir para ser aplicado en todos los ámbitos de la gestión del Estado.

Podemos preguntarnos ¿cuándo estarán las escuelas del país en perfecto estado? ¿Cuándo lograremos el autoabastecimiento de alimentos y medicinas? ¿Cuándo dejaremos de depender del petróleo? Son preguntas que todavía no tienen respuesta, pero tenemos que trabajar en ponerle fecha a esos temas o seguiremos atendiendo lo urgente sin resolver lo importante. Hace unos años si nos hubiéramos preguntado ¿cuándo se resolverá el problema estructural del acceso a la vivienda? Posiblemente habríamos contestado: Nunca! No obstante Chávez logró darle respuesta: ¡para diciembre del año 2019! ¿Se acabará con el problema de la vivienda en esa fecha? Todo indica que así será o, en el peor de los casos, de no cumplirse en un 100% el problema de la vivienda dejará de ser estructural. Más allá de que un plan específico se cumpla lo importante es que todos los planes a realizar estén enmarcados dentro de este principio.

De la internacional de las espadas a la internacional mediática: las agresiones contra América Latina

Para comprender el papel y la asociación que ha existido en Nuestra América, entre los procesos de militarización de la política, - emprendido en las postrimerías de la II Gran Guerra 1939-1945- el accionar de los EEUU y la represión violenta de los movimientos populares, así como la relación que existe en la actualidad con gobiernos más conservadores en nuestra región, y las presiones a las que están sometidos los Gobiernos de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Nicolás Maduro en Venezuela, hay que remontarse al contexto de la denominada Doctrina Truman.

A la muerte de Franklin Delano Roosevelt, lo sucedió Harry Truman, quién anunció las bases de la Doctrina de Seguridad de los EEUU, acción emprendida mediante la conformación del Consejo Nacional de Seguridad y el lanzamiento de una política de "contención" de la amenaza comunista. Sus palabras fueron contundentes sobre la perspectiva de desenvolvimiento de los EEUU en el escenario mundial: "Hoy Estados Unidos es una nación fuerte, más fuerte que ninguna. Esto no es una fanfarronería. Es un hecho que nos llama a la reflexión solemne y a la humildad. Significa que con esta fuerza tenemos que asumir el liderazgo y aceptar la responsabilidad. Sería una trágica violación de nuestro deber nacional sí, de manera consciente aunque a la ligera, no nos preparamos para asumir esa responsabilidad"(Política Exterior de Estado por el Presidente Truman, abril 4 1946). La Doctrina Truman, realmente estuvo basada en un conjunto de consideraciones elaboradas por un funcionario de la estructura diplomática norteamericana: George Kennan, miembro de la embajada de EEUU en Moscú, que publicó en 1947 un artículo titulado "The Sources of Soviet Conduct", indicando que el conflicto entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), era inevitable.

Ese estudio, fue la base de la "doctrina de contención", que orientó la política exterior de los EEUU hasta que desapareció la URSS a inicios de la década de los 90, del pasado siglo XX, así como el sustento del impulsó del aparato norteamericano para expandir su poder fáctico por todo el mundo y con ello, transformarse en una potencia mundial. Entre 1946 hasta 1962, se observó una crispación de las tensiones entre ambas sociedades – y modelos económicos- proyectando las contradicciones al contexto político en Nuestra América. La consecuencia para los gobiernos y sociedades desde México hasta Argentina, fue una agresiva política de apoyo a formas autoritaristas, como excusas para el "freno de la amenaza comunista".

Los EEUU, en el marco de esa Doctrina Truman, y sobre la base de un conocido documento denominado Memorándum NSC-68 del Consejo de Seguridad Nacional, hecho público en 1950, oficializó el endurecimiento de las relaciones entre las grandes potencias surgidas posterior a la finalización de la Guerra Mundial. Precediendo este cuerpo doctrinario, hay que señalar las acciones emprendidas en febrero de 1945, cuando se produce la denominada Conferencia de Chapultepec – o Conferencia para los Problemas de la Paz y de la Guerra- , en agosto y septiembre de 1947 en Río de Janeiro, se celebra la Conferencia Interamericana sobre Mantenimiento de la Paz y la Seguridad en el Continente, donde se firmó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y en abril de 1948, se reúne en Bogotá la IX Conferencia Interamericana de Consulta, que sumergieron a Nuestra América en una faja de fuerza, controlada por EEUU, conocida como Sistema Interamericano, a través del cual ejerció una hegemonía indiscutible, desestabilizando, sustituyendo o derrocando gobiernos en toda el área.

Todos esos instrumentos doctrinarios, formalizaron un desenvolvimiento hacia Nuestra América, que se mantiene hasta el día de hoy – aunque ya no exista la "amenaza comunista"- y que puede ser caracterizado por una política de EEUU identificada con aspectos claves: 1) manipulación de reconocimiento diplomático, 2) envió de tropas o buques de guerra para presionar a un país con una amenaza de invasión (Haití, República Dominicana, Panamá), 3) bloqueo comercial (caso Cuba), 4) financiamiento clandestino de oposiciones políticas cercanas a sus intereses, 5) fabricación de revoluciones o dictaduras (caso Guatemala 1954, por ejemplo) y 6) fomento de golpes militares.

En América Latina, comenzando en 1954 con el derrocamiento del Gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala, se dieron un conjunto de Golpes de Estado, que se extendieron entre las décadas del 60 y 70. Entre 1962 y 1963, se produjo acciones de este tipo en Argentina, Perú, Guatemala, Ecuador, República Dominicana y Honduras; en 1964 en Brasil y en 1966, de nuevo en Argentina. A finales de 1968 de nuevo en Argentina, Brasil, Perú, Paraguay, Bolivia y Ecuador. Esa actitud prepotente y dominante, puede ser ejemplificada en unas declaraciones dadas por el Presidente Lyndon Johnson en 1967: "Este Hemisferio es nuestro hogar. Aquí vivimos. Esta gente (los latinoamericanos) son nuestros vecinos. Si no podemos hacer que funcione (el modelo norteamericano) aquí dónde vivimos, entonces ¿cómo podemos esperar que funcione en cualquier otra parte?.

Ese conjunto de intervenciones, fue una consecuencia directa del desarrollo de los denominados Programas de Ayuda Militar Bilaterales (MAP, por sus siglas en inglés), que establecieron una estrecha relación entre las fuerzas militares del área con las estructuras militares y de inteligencia de los EEUU. Es así como la ayuda militar de EEUU en la región, pasa de 200.000 US$ en 1952 a 51.3 millones US$ en 1965. Y en cuanto a la venta de armas, se observa un incrementó también notorio, pasando de un promedio de 332 millones US$ en el período 1950-1968 a más de 875.1 millones US$ en el lapso 1970-1974.

Hay que comprender, que ese accionar de los EEUU, se encuentra relacionado a una realidad concreta, propia de un proceso de acumulación que se da en lo interno y que puede ser caracterizado por: 1) el mantenimiento y expansión del complejo militar-industrial, 2) el acuerdo entre capital y trabajo y 3) la expansión a escala mundial de las grandes empresas norteamericanas. Es decir, no se trataba sólo de un problema ideológico entre capitalismo y el modelo socialista soviético. Sin duda, la excepción en este contexto de presiones y dominio de los EEUU se encuentra representada por la experiencia de la Revolución Cubana en 1959, pero fuera de esa realidad, el contexto de Nuestra América, desde la década de los 50 hasta finales de los años 90, fue la de dominación hegemónica de los EEUU.

La década de los 70, no fue una excepción a los lineamientos de la política de "contención" y a la persecución de cualquier movimiento social o político, que propusiera un cambio en las relaciones de subordinación y control ejercido por los EEUU, en complicidad con elites propietarias y comerciales en Nuestra América. Se trataba de la extensión de una Doctrina de Seguridad Nacional (pensada y formulada por los intereses de EEUU) a cada país dentro de la órbita de influencia Latinoamericana. Al respecto, hay que ubicar dentro de esa relación los golpes de estado dados en Brasil, en 1964, contra Joao Goulart; el derrocamiento de Gobiernos en Argentina en 1966 y 1976, el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile durante el año 1973; el Golpe de Estado en Uruguay el mismo año. Es decir, la Doctrina de Seguridad Nacional, sustentada por el aparato económico, militar e ideológico de los EEUU, proponía la "ocupación" de las instituciones del Estado por los militares, a efectos que ese Estado, pueda "ser guiado" hacia su funcionamiento correcto, asumido esté como apertura comercial y económica, contención de las "amenazas" de movimientos sociales o políticos de izquierda.

LA DÉCADA DE LOS 80 Y 90. CRISIS DE LAS DICTADURAS Y EL IMPULSO NEOLIBERAL.

América Latina, experimentó, en las dos (2) últimas décadas del siglo XX un conjunto de procesos de cambio y presión política. Cambio, derivados de la llamada "ola de democratización", que afectó a los regímenes militares y autoritaristas que se habían desarrollado bajo el cobijo de la Doctrina de Seguridad Nacional, enmarcada como indicamos, en la proyección de la Doctrina Truman sobre el área. La necesaria transición democrática, se inicia en Ecuador, República Dominicana y Perú a finales de los años 70, y terminó en Panamá, Chile y Paraguay en los años iniciales de la década del 90.

En términos económicos, esa "apertura" democrática, vino acompañada por presiones políticas en una doble dirección: 1) desde las elites ligadas en el sistema-mundo a los procesos de financiarización económica, impulsando programas de ajuste neoliberal, enmarcados dentro del denominado "Consenso de Washington" y 2) de resistencia, organización y protestas de movimientos sociales, opuestos a las políticas de reducción del tamaño del Estado de Bienestar.

La creciente "problematización" de Nuestra América, presentada así en una perspectiva de análisis determinadas por la influencia neocolonial en las ciencias sociales, estaba marcada por una identidad común: los inconvenientes causados al ajuste de la relación EEUU- América Latina, en un contexto global cambiante. Los EEUU, signados por la euforia de la crisis del modelo soviético y enmarcado en los lineamientos del denominado Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNSA), habían adelantado un proceso de redefinición de su hegemonía. Ello se concretó en dos políticas específicas: 1) la supremacía militar y geopolítica en todas las esferas del mundo y 2) conformación de zonas o áreas de influencia económica, en términos del control de un espacio vital.

Con ello, llevaron adelante el ajuste neoliberal, asumido como reducción drástica de la presencia del Estado y sus actores en la vida pública. Era un proceso de "satanización" de lo público en favor de lo privado, que marcó el discurso político entre finales de los años 80 y finales de los 90. Podemos por lo tanto, definir estas políticas en su desarrollo por fases. Una fase, que caracterizamos como reducción funcional del Estado en lo económico, con una relación directamente proporcional con la crisis de la deuda externa, a través de la cual se extendió la tesis que sólo mediante la acción del "libre mercado", se podía regular los indicadores macro-económicos. Esta fase contó con el apoyo irrestricto de una tecnoburocracia, que se asumió como el "agente del cambio". La colisión con los sectores sociales, que se veían vulnerados en su condición de "sujetos de derecho" era inminente.

La segunda fase, de redimensionamiento de sus políticas económicas, siguiendo las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), terminó de conflictivizar la relación entre esa tecnoburocracia, instalada a través de la filtración de los partidos tradicionales, y los colectivos populares que se resistían y organizaban. En términos geopolíticos, el Consenso de Washington se desarrolló a través de tres (3) iniciativas concretas: 1) El NAFTA, como un esfuerzo de fortalecimiento de las fronteras de EEUU, ampliando su influencia hacia Canadá y México; 2) La iniciativa del Caribe, buscando consolidar la hegemonía de EEUU en esa área y que se concretó en las invasiones de Grenada y Panamá, la guerra de baja intensidad en Nicaragua contra el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), así como la desestabilización de los gobiernos de Jamaica y Guyana y 3) la promoción e impulso de la Iniciativa de las Américas (IA) y su posterior transformación en Área de Libre Comercio para Las Américas (ALCA).

La crisis de este ciclo neoliberal, estuvo asociado con la quiebra iniciada en 1987, cuando explotó en forma de crisis financiera, generando pérdidas diarias de más de 1 billón de dólares, así como la devaluación del dólar en cerca de un 40%, como consecuencia los EEUU adelantó el llamado Plan Brady: devaluación de la moneda, recuperación del déficit comercial, tasas de interés en fuerte caída, disminución de la necesidad de captar capitales del exterior y condonación parcial de la deuda externas del llamado "Tercer Mundo". Todo ello como una respuesta al ciclo de protestas desatado en toda la región de América Latina y que amenazaba no sólo a los gobiernos aliados de los intereses de EEUU, sino también la propia hegemonía política en la zona.

La prepotencia de los EEUU, su accionar apoyando regímenes represivos así como el impulsó que dieron los gobiernos de Ronald Reagan y George Bush al pensamiento neoliberal, cobraron su costo a finales del siglo XX. Las movilizaciones al estilo de piqueteros en Argentina, la rebelión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), o las explosiones sociales en Caracas, fueron solo adelantos del conflictivo retroceso que tuvo la tradicional hegemonía de los EEUU desde principios del siglo XXI.

AMÉRICA LATINA Y EEUU A INICIOS DEL SIGLO XXI.

Los Inicios del siglo XXI, marcan en nuestro criterio la eclosión de la tesis de "presunción hegemónica" que caracterizaron la relación entre EEUU y Nuestra América desde 1945. Eso es, que los EEUU asumió que era más importante para cada país de la región, que lo que cada país era para los EEUU. Sin duda, el cambio más importante y que habla de la pérdida de esa hegemonía casi absoluta de la que gozó el coloso del norte durante la 2da mitad del siglo XX, viene dado por que las acciones más significativas no salen ya del Pentágono, el Departamento de estado o la CIA, sino que son dibujadas desde el Departamento del Tesoro, la reserva Federal o surgidas de agencias como la DEA. No significa que los EEUU dejan de actuar a través de sus órganos tradicionales de coerción, sino que se agregan otros, entre los que no se puede dejar de mencionar agencias como la USAID y la NED.

La estrategia de los EEUU pasó de un intervencionismo directo, característico del denominado hard power, sostenido esencialmente sobre el poderío militar desplegado alrededor del mundo y que en el caso de Nuestra América produjo numerosas intervenciones a lo largo del siglo XX, a otra estrategia identificada con Smart Power (o poder inteligente), que no fue más que una reacción a la creciente pérdida de poder y hegemonía de los EEUU. Los partidos históricos a través de los cuales ejerció liderazgo, tales como el PRI (México), el PS (Chile), Justicialista (Argentina), Acción Democrática (Venezuela), PSDB (Brasil), PRD (Panamá), resultaron desplazados por una "izquierda rejuvenecida": PT (Brasil), Quinta República/PSUV (Venezuela), Izquierda del Justicialismo (Argentina), Movimiento Ciudadano (Ecuador), Frente Amplio (Uruguay), Frente Guasú (Paraguay). Ello obligó – y condicionó- el cambio en la estrategia de intervención.

Ya no se trataba de priorizar la acción militar directa, por el contrario se avanzó en el desarrollo de acciones encubiertas, bien a través de agencias de inteligencia privadas (privatización de la guerra) o mediante el financiamiento de organizaciones civiles, dentro de los países que se quieran desestabilizar o en otros casos, financiando y sustentando gobiernos títeres que actúan generando presión o sirviendo de base de las acciones encubiertas. Sobre este tema, hemos escrito en otras circunstancias, ejemplificando los casos de Colombia y Guyana, como Estados que sirven de puente para las agresiones características de la estrategia del poder inteligente (Smart power) en la región.

El siglo XXI, hizo más evidente las particularidades dentro de la unidad histórica de Nuestra América, particularmente en relación a cinco (5) puntos: 1) la naturaleza y la interdependencia económica y demográfica hacia los EEUU, 2) las formas en las que se relacionan con el sistema-mundo , 3) la fortaleza (o debilidad) de sus instituciones , 4) la naturaleza y formas de la democracia, en términos modélicos y 5)las diferencias en el abordaje de las comunidades indígenas en cada país. En este sentido, de diferencialidad, también hay otras de tipo geográfico, pues pueden identificarse cinco (5) grandes áreas: 1) México, América Central y las Islas del Caribe, 2) Brasil, 3) Chile, 4) Argentina y el resto de países del MERCOSUR y 5) los países andinos.

Así mezclando ambos indicadores podemos hacer balances socio-políticos. Los países del Caribe (incluyendo a México pero exceptuando a Cuba), son más dependientes económicamente de los EEUU, aunque en el caso de las islas del caribe, la estrategia desplegada por Petrocaribe ha incidido en una disminución geoestratégica de la influencia norteamericana en la zona. Chile y Brasil, así como Argentina y México, tienen una vinculación mayor con el sistema-mundo y sus mecanismos de presión, aunque en el caso de Brasil, su articulación como parte de los BRICS introduce una variante importante. También hay que señalar el papel geopolítico que juegan los recursos estratégico (petróleo, oro y minerales) en Venezuela. Bolivia, Ecuador, Venezuela introdujeron un gran debate en torno al funcionamiento del Estado nacional en el marco de democracias no estrictamente representativas, más bien ubicadas en lo que hemos dado en llamar democracias revolucionarias, construyendo nuevas instituciones que han tenido éxito en la incorporación de las poblaciones indígenas.

Los países centroamericanos, siguen siendo muy débiles en el funcionamiento institucional de sus democracias y mantienen un control "hegemónico" ejercido a través de los sectores propietarios ligados al control de la tierra, pero al mismo tiempo tienen una relación muy tensa en términos migratorios con los EEUU, que ha empeorado en sus perspectivas con la llegada al poder de Trump.

Debe señalarse, que la estrategia del Smart power, característica del Gobierno de Barack Obama (2008-2017) ha dado efectos, por un lado una abierta acción diplomática de bloqueo y presión, empleando esencialmente la OEA y el poderío económico de los EEUU, pero paralelamente adelantando acciones enmarcadas en estrategias de Guerra de IV generación, destinada a producir o incentivar conflictos de "baja intensidad", que desestabilicen a los Gobiernos que caracterizan como "populismos radicales", enmarcando con ello a las democracias radicales (y no representativas) de Suramérica, cuyos liderazgos (Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Hugo Chávez en Venezuela) denunciaban las injerencias de EEUU.

En esa estrategia, se produce una nueva articulación: la Internacional de las Comunicaciones. Así América Latina pasó de estar amenazada por la "internacional de las espadas" desde la década de los 50 hasta mediados de los años 80, como consecuencia de la Doctrina de Seguridad Nacional, que otorgó papel protagónico a los militares; a experimentar una nueva presión con la Internacional de Medios de Comunicación, que crean matrices opuestas a las fuerzas y movimientos anti-sistémicos y anti-imperialistas. Hay casos, como los de Chile y Argentina, donde grandes medios que mantienen hoy posiciones de ataque contra las izquierdas renovadas, tuvieron un papel esencial durante las dictaduras. Nos referimos a los casos del Clarín en Argentina y El Mercurio en Chile. Pero también resaltan el papel de los medios en la articulación de ataques deslegitimadores de los Gobiernos de Dilma Roussef (finalmente destituida sin mayores pruebas) y Lula da Silva en Brasil, principalmente a través del Folha de Sao Paolo, el semanario Veja o la Red O Globo. En Ecuador ocurre algo parecido contra el gobierno de Rafael Correa, a través de los diarios El Universo, Expreso y El Comercio, todos vinculados a grupos económicos con un papel muy oscuro durante las dictaduras en esa nación andina.

En Venezuela, los casos de El Nacional y el canal de TV, Globovisión, han sido bien retratados en coyunturas críticas como las de abril de 2002, por trabajos de algunos periodistas muy acuciosos que desmontaron la trama de relaciones de esa conspiración. Igual ocurre en casi toda Centroamérica. Es notorio por ejemplo, el papel de los medios en el proceso que condujo al derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras en 2009, o el rol jugado por los medios en Paraguay durante el proceso contra Fernando Lugo en 2012. O las campañas en contra de los Kichner en Argentina. Todos ellos tienen como denominador común, lo que Atilio Borón define como concentración mediática, y que está relacionada con la estructuración de holdings trasnacionales ligados al control de medios impresos, audiovisuales y digitales en todo el mundo.

La batalla, en el marco de estas operaciones encubiertas o black operations, ha sido trasladada del campo de combate con tropas, al campo de la videopolítica o tecnopolítica. Se trata de adelantar sistemáticas acciones de "retroceso" (estrategia de rollerback), que den al traste no sólo con los avances en políticas sociales en Suramérica, sino también con las posiciones no alineadas a los intereses de EEUU en la zona.

Sin duda, hay una lucha por los relatos simbólicos y su relación con el ejercicio del poder, pero más allá de eso, la Internacional de la Comunicación, está asociada a la visibilización - ¿o invisibilización?- de determinados temas (económicos, sociales, culturales, políticos) relacionados de fondo con la idea de democracia y como se extiende – o no- al uso y acceso de las tecnologías de información y comunicación (TICS). Se trata de cómo se articulan procesos de desestabilización de Gobiernos democráticos, considerados como "amenazas" en las formulaciones de Seguridad y Defensa de los EEUU, con acciones enmarcadas en lo que se denomina Operaciones Psicológicas, así como el papel que juegan en la creación de matrices negativas relacionadas con el desenvolvimiento económico, la administración pública entre otros aspectos.

En el caso de Venezuela, hay estudios muy específicos que muestran como las matrices en torno a problemas como la inflación, el desabastecimiento, el acaparamiento está asociado a este escenario de Guerra No Convencional, destinado a lograr minar las bases de apoyo institucional del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Algo muy parecido lleva a cabo en estos momentos esa Internacional de la Comunicación en Ecuador. La posibilidad que el candidato de Alianza País, Lenín Moreno se imponga, ha desatado las reacciones de los medios de comunicación de por sí enfrentados con el Gobierno de Rafael Correa. No hay duda, que la disputa se desarrolla en los medios digitales y audiovisuales y es ahí, donde debe plantearse un nuevo escenario de acción colectiva, que insista en la democratización de la acción comunicativa.

La Revolución en la encrucijada ¿avance o resistencia?

En enero de 1999 el presidente Hugo Chávez asume la dirección del poder ejecutivo, sin embargo dos de sus componentes imprescindibles para gobernar, el poder militar y PDVSA, seguían en manos de los representantes políticos, tecnócratas y militares de la burguesía. Cuando Chávez quiso asumir el control de PDVSA fue víctima de un golpe Estado (2002) dirigido por los militares todavía presentes en el Estado burgués. Este golpe fue superado por la unión cívico-militar patriota y, posteriormente, depurar la Fuerza Armada, sin embargo PDVSA quedó intacta. En un segundo intento por retomar la dirección de esta industria el gobierno fue atacado con otro intento de golpe de Estado, esta vez por la vía de un paro-sabotaje (2002-2003) que, al igual que en el golpe previo, también se superó. Los intentos de magnicidio también fueron parte de estos intentos por del salir del gobierno, sin embargo tanto los golpes como los intentos de asesinato fallaron.

Hubo de igual forma intentos por salir del gobierno utilizando mecanismos legales, las fuerzas políticas realizaron su disputa en las calles, marchas, concentraciones y elecciones fueron el día a día. La oposición recibió 6 derrotas electorales entre 1998 y el 2004. Con la ratificación de la gestión revolucionaria, con el referéndum revocatorio, se logró la estabilidad política que le permitió a Chávez iniciar, con retraso de seis años, los primeros cambios revolucionarios. En el año 2006 Hugo Chávez es reelegido con una diferencia de 26 puntos, dejando claro que por la vía electoral también era invencible. Métodos legales e ilegales fallaron.

Tácticas oposicionistas

La desmotivación de la oposición, al recibir una derrota tras otra, llevó a la dirigencia oposicionista ha reforzar tácticas no convencionales o irregulares para trasformar la percepción de la población. Una combinación de ofensivas psicológicas, económicas, políticas y violentas, llevaron paulatinamente la batalla al plano simbólico, buscando las condiciones para sacar al presidente Chávez por las buenas (con votos) o convencer a la población de aceptar una salida inconstitucional, con la excusa de evitar un mal peor, el objetivo sería no sólo conquistar la mente de las personas, sino conseguir una percepción favorable a cualquier salida, legal o no.

Chávez redistribuyó los ingresos de la renta petrolera, enfrentándose con las transnacionales, también reguló la transferencia de riquezas de la sociedad (los precios de las mercancías), desafiando a los monopolios nacionales. No fue casual que las ofensivas golpistas estuvieran dirigidas por los máximos representantes de la burguesía en nuestro país, Fedecamaras, por eso vimos a su presidente, Pedro Carmona, asumir la dirección del golpe de 2002 y convertirse en el primer dictador del siglo XXI en Venezuela. Tampoco fue accidental que en sus 47 horas de mandato aceptará públicamente un préstamo del FMI por 10.000 millones de dólares para “salir de la crisis”.

En los primeros años los medios fueron los protagonistas, sustituyendo incluso a los partidos políticos, a partir del 2006 el poder económico decide actuar directamente en las ofensivas contra el gobierno. Junto con la ofensiva mediática, se agregaría de manera destacada la ofensiva económica o guerra económica, como táctica central para reforzar la guerra psicológica, incentivando de esta forma la angustia, el miedo y la incertidumbre. La incapacidad del gobierno para supervisar de forma masiva toda la cadena de importación, producción, distribución y consumo, benefició a estos sectores que durante años habían consolidado una red de complicidades.

Resultados de la Guerra Económica

La economía rentista en nuestro país depende en no menos del 70% de las importaciones, esto es así desde mucho antes que llegará Chávez al poder. Para revertir esta cifra con relación a la producción es necesaria una inversión permanente del sector público y privado, debido a que la creación de una red de fábricas e industrias requiere de inversiones muy elevadas y constantes. Además en el caso de que se dispusiera del dinero necesario, el tiempo de construcción sería de varias décadas. La desinversión tampoco llegó con el gobierno actual, ya desde los años setenta se puede demostrar la apatía del sector privado, que junto con el gobierno, se dedicaron a destruir la producción existente enriqueciéndose a costa de las importaciones que pagaban con el dinero de la renta petrolera, es decir no utilizaban su dinero pero igual engordaban sus arcas. Los grandes esfuerzos del gobierno actual, en materia de producción, no fueron suficientes y apenas lograron mantener el mismo nivel de dependencia, no obstante se evitó una dependencia de 80% o más.

El consumo de Venezuela aumentó 83% en el período 2003-2013. En ese período la entrega de divisas por parte del Estado aumentó 442%, las importaciones aumentaron 388.9%, y en alimentos fue de 571.7%. Sin embargo el desabastecimiento y la escasez pasaron de un promedio de 7% anual a más de 20%. Aunque las transacciones en importaciones se incrementaron no ocurrió lo mismo con la mercancía importada, los empresarios y sectores corruptos en el gobierno realizaron un fraude sostenido para aprovecharse de las divisas a precios preferenciales y revenderlas en el mercado negro. En el año 2003 se importaron cerca de 222 millones de kilos de medicinas y en el período 2012-2014 el promedio fue de 46 millones, a pesar de que la entrega de divisas para este sector aumentó 463% la cantidad física de medicinas fue de -87%, lo que significa que se entregaron más recursos pero se importó mucho menos que en el 2003, dejando en evidencia un fraude que se replica en los sectores de alimentos y repuestos.

En la coyuntura actual el sector privado especulativo evade todas las regulaciones hechas por el Estado para combatir la guerra económica, la desobediencia masiva de cientos de miles de comerciantes supera la capacidad del gobierno para hacer cumplir la ley. Estos sectores quieren seguir beneficiándose de la renta petrolera pero para vender los mas caro posible, con ganancias miles de veces superior a lo justo. El resultado de esta lucha, junto con la caída de los ingresos petroleros en 80%, fue una derrota al gobierno de forma avasallante en las elecciones para la asamblea nacional, en diciembre de 2015, y un deterioro del poder adquisitivo y calidad de vida de todos los venezolanos, con excepción de los grandes empresarios cuya riqueza se ha multiplicado.

Resultado de la guerra psicológica-mediática.

Muchos medios son los responsables de transmitir informaciones para generar matrices contrarias al gobierno. Muchas de ellas se nutren de medias verdades con medias mentiras, otras son completamente falsas pero todas buscan ser aceptadas como ciertas. La verdad se mide sobre la base de los hechos concretos, en la misma medida que nuestro marco interpretativo para entender el mundo explique la realidad, estaremos más cerca de la verdad.

La verdad es que no todo lo que hace el gobierno es bueno, pero tampoco todo es malo. Todas las matrices oposicionistas apuntan hacia el extremo donde todo es malo y nada sirve, cuando un hecho no puede ser explicado por la oposición se llega al punto de afirmar que la realidad se equivoca. Estas contradicciones (conocidas como disonancias cognitivas) se hacen evidentes todos los días como, por ejemplo, cuando se afirma que la Gran Misión Vivienda Venezuela no existe y se acusa al gobierno de construir maquetas, pero luego se reconoce que se han construido 1 millón de viviendas. Hay varias formas de superar esas contradicciones, la primera y más fácil es ignorar el hecho, y otra manera es dando una nueva explicación que cubra los huecos en las mentes de las personas.

Día a día los medios van tapando huecos cognitivos para llevar a aceptar que es la realidad la que se equivoca y no la percepción de las personas. Junto con esto se generan matrices que, al no poder echar las bases sobre la verdad y la razón, se afincan en las emociones negativas del ser humano. La incertidumbre, el miedo, la desesperación y la angustia son el objetivo de estas matrices, luego de provocar estas sensaciones se estimula la frustración y la rabia y se acusa como único responsable al gobierno, asegurando que la única solución es el cambio de gobierno. Estas acciones no solamente engañan a la sociedad sino que la enferman ocasionando un problema de salud pública al inducir una depresión colectiva.

Las operaciones psicológicas son una táctica empleada para reforzar sus objetivos, el uso de rumores con información falsa genera respuestas en la población que terminan validando el rumor. Por ejemplo, en enero del año 2015 una ola de rumores provocó que en 15 días la población consumiera lo que normalmente consume en tres meses. Los medios incitan no solo el consumismo de productos, hace lo mismo con el fascismo y la violencia. El uso de protestas violentas “Guarimbas” como método de lucha fue validado por medios y partidos oposicionistas, aunque muchas veces no lo hacían de forma explicita tampoco las cuestionaban, se observaba una clara coordinación, lo que era interpretado como aceptación, no obstante el jefe de la Mesa de la Unidad sí justificó la protesta violenta.

Encuestas realizadas por Hinterlaces, desde el 2014, presentan la aceptación de las diversas expresiones del fascismo y el intervencionismo estadounidense en Venezuela. El 29% del país está de acuerdo con que Estados Unidos sancione a funcionarios venezolanos, el 11% piensa que nuestro país es una amenaza para EEUU, el 11% apoya una salida inmediata de Maduro sin esperar mecanismos electorales, el 10% está de acuerdo con las guarimbas, el 15% piensa que las guarimbas mejoraran la situación del país y por último, pero no menos importante, el 5% apoya una acción militar de Estados Unidos para derrocar a Nicolás Maduro. Es cierto que son porcentajes bajos pero se muestra la semilla del fascismo inoculada por los medios, quienes siguen regándola todos los días. El resultado de la guerra psicológica-mediática es un sector del pueblo angustiado, con rabia y deprimido, listo para aplicar el voto castigo y, en menor medida, hay otro sector dispuesto a aceptar un golpe de Estado para derrocar al presidente Nicolás Maduro.

Formación y comunicación ausente.

Chávez promovió un proceso de formación ideológica y politización al desmontar el discurso burgués, el cual fue sustituido por otro que explicaba mucho mejor la realidad venezolana. La burguesía no se quedó atrás y aprovechó para reafirmar la visión del mundo susceptible de mostrar contradicciones. La gran diferencia entre un discurso y otro fue la capacidad de las personas de cuestionar sus pensamientos, su forma de pensar, su marco interpretativo de la realidad. El discurso de Chávez hacía constantes llamados a cuestionar todo lo que las personas creían, con analogías de béisbol o experiencias de la vida cotidiana, develaba las contradicciones del discurso burgués. Invitaba a las personas a cuestionar todo, incluso su propio discurso, sí luego de cuestionarlo la explicación correspondía con la realidad entonces se asumía como cierta.

Por otra parte el discurso burgués se enfocaba en una estructura más simple, no hacia falta cuestionar nada, ya que las personas poseían una supuesta visión correcta de las cosas. Los medios se esforzaron por explicar una y otra vez, a su manera, las contradicciones evidenciadas por Chávez, los domingos en su programa de televisión el presidente le daba contenido a su discurso y el resto de la semana los medios tergiversaban (tapando huecos cognitivos) ese contenido. De esta forma crearon una población cautiva que necesitaba permanentemente del refuerzo semanal para no caer en el “encanto chavista”. Esto resultó bien para el gobierno al crecer en votos, entre el 2000 y 2006 a un ritmo de 94.5%, a la oposición también le funcionó su estrategia aumentando a 69.6%. Empero estos crecimientos, la brecha de diferencia a favor del gobierno era legó al 25.75% como resultado, entre otras cosas, de un discurso convincente y los avances materiales de la revolución.

El gobierno por su parte mantuvo un discurso coherente desde que llegó al poder, este discurso fue muy efectivo en los primeros años porque las personas aprendieron y se convencieron de la certeza y sinceridad del discurso. Tan efectivo fue este discurso y el trabajo de la revolución que todavía hoy, sin la presencia física de Chávez, hay un sector de 5.599.025 de personas que siguen respaldando el proceso revolucionario, incluso en tiempos de crisis. Sin embargo este discurso no es suficiente, aunque tiene la capacidad de mantener convencidos a quienes creen en él, no es capaz de atraer a nuevos adeptos. Vemos como el crecimiento, entre el 2006 y el 2012, del registro electoral fue de 28.7%, el apoyo al gobierno creció apenas 10.3%, en cambio la oposición creció a un ritmo de 55.7%. Todavía con este avance tan rápido de la oposición la diferencia a favor del gobierno se mantuvo 10 puntos por encima. Vale la pena acotar que, excluyendo eventos extraordinarios como muerte de Chávez o la crisis económica, si proyectamos las tendencias ya descritas hasta el 2012 para el año 2018 la oposición superaría al gobierno por 7.86% puntos de diferencia. Por lo que, de no rectificar, ya era previsible una derrota presidencial por parte del sector revolucionario.

Chávez siempre reconoció que no se tenía una buena política comunicacional, sin embargo el problema radica en la confusión de información con comunicación. La información se hace utilizando los medios tradicionales; televisión, radio, prensa e Internet. No obstante la comunicación se distingue de la información en que la información es unidireccional y la comunicación es bidireccional. Esto significa que lo que el gobierno ha hecho hasta hoy es informar, no comunicar. Si alguien compra un periódico del gobierno puede enterarse de una información, pero no implica que la crea cierta. Lo mismo pasa con la Televisión y la radio, se puede escuchar pero no necesariamente la gente la aceptará lo que escuche como verdadero. La comunicación, por el contrario, implica una retroalimentación, un debate, un intercambio de argumentos que garantiza el manejo correcto de la información y facilita el convencimiento del otro.

La revolución tiene que promover una política de formación de cuadros, sustentable en el tiempo, estos cuadros deben ser multiplicadores de un discurso para comunicar el pro y los contras del proceso revolucionario. Estos cuadros tienen que elevar su discurso, hay que superar el discurso para los convencidos, al repetir que “todo es culpa del imperio” o que “toda la oposición trabaja para el imperio” y además se afirma que “el gobierno es perfecto”, éste es un discurso poco efectivo. Debe haber un discurso que explique la importancia de cuestionar la forma de entender la realidad, que tome en cuenta a las personas mal informadas quienes han creado conjeturas equivocadas en base a informaciones erróneas, ese discurso argumentativo y coherente con el ejemplo, debe poder rebatir las falsas matrices, y cuando dicha matriz muestre información negativa, pero que sea cierta, hay que asumir los errores con autocrítica y hacer propuestas constructivas. El discurso revolucionario debe dirigirse igualmente a los desinformados (donde entran los nini), quienes manejan poca información y poseen prejuicios que al ser confrontados con un discurso bien elaborado y veraz seguramente podrán cambiar de opinión. Una nueva política comunicacional servirá para mejorar el discurso y la gestión revolucionaria desde las bases.

El gobierno eficiente.

El Estado venezolano recibido por el presidente Chávez tenía (y tiene) dos características propias del Estado adeco-copeyano instaurado durante cuatro décadas, el burocratismo y la corrupción. Estos enemigos internos carcomen al gobierno revolucionario ya que, repitiendo esa lógica, en muchos casos la respuesta del Estado queda condicionada a la “ayuda” de un gestor que puede saltar los trámites en donde el ciudadano común no puede. La falta de indicadores estratégicos de gestión en el gobierno permite que estas prácticas se sigan realizando y vemos entonces como una serie de oportunistas, llamados “matavotos” o “enchufados”, se aprovechan de la falta de seguimiento a sus gestiones y terminan agravando los problemas, al mismo tiempo que se apropian de los recursos del Estado.

El actual gobierno carece de un Sistema Nacional de Indicadores de Gestión. Si bien es cierto que cada empresa pública maneja indicadores de gestión, estos no están integrados en un marco general de avance y seguimiento, cada ente desde una escuela pública hasta PDVSA se debe de manejar en base a indicadores que reflejen el avance del estado actual hacia el estado esperado. ¿Qué tan bien funciona una escuela? Con respecto a qué? ¿A la matrícula? ¿A cantidad de baños limpios? ¿A la calidad educativa? ¿Qué porcentaje de escuelas funcionan en un 100%?. Lamentablemente estas preguntas no pueden ser contestadas. Lo mismo sucede en otros entes públicos como los CDI ¿Cuántos funcionan al 100%? También vemos dicho problema en las empresas nacionalizadas, ¿qué porcentaje de cumplimiento de las metas tienen estas empresas?

Es importante aclarar que el hecho de no tener claros indicadores de gestión, con un criterio común e integrados al Plan de la Patria, no quiere decir que no se trabaja de manera correcta o que no se estén cumpliendo las metas, lo que significa es que no tenemos un panorama general del comportamiento de la gestión de gobierno. La falta de seguimiento a la gestión de políticas públicas permite a los oportunistas asumir el control de una empresa pública y usufructuar sus recursos, cuando se detecta que la gestión no sirve ya se han perdido millones de bolívares o dólares y el matavotos (apoyándose en otros “matavotos enchufados”) generalmente es “castigado” quitándole el cargo u “obligado” a tomar una vacaciones hasta ser asignado a otro puesto.

Mientras no se genere un sistema de alertas y seguimiento eficiente a la gestión de un ente o empresa pública queda a la suerte de la persona asignada. Si es comprometida con la revolución y tiene la capacidad técnica hará una gestión digna del respeto del pueblo, de lo contrario veremos como se repite una gestión adeco-copeyana disfrazada de roja. Chávez estaba conciente de los argumentos recién expuestos por lo que decidió crear el Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno, precisamente para seguirle la pista a las decisiones del gobierno y depurar los matavotos que siguen vivitos y coleando. En la actual coyuntura es imprescindible que este ministerio complete esta tarea aún está pendiente.

Es cierto que nuestro país tiene problemas de distintos tipos, unos más graves que otros, la mayoría heredados de la descomposición y dependencia propia del modelo capitalista, pero otros problemas más recientes están asociados más bien a los mecanismos de defensa del modelo capitalista, evidenciandose al momento en que nuestro gobierno intenta tocar las bases que lo sostienen. En ambos casos dichos problemas nos afectan y el gobierno tiene la obligación de dar una respuesta efectiva. Se puede pensar que si todavía hay problemas menores por resolver, como por ejemplo avalar un permiso médico en el Seguro Social, entonces cómo es posible darle respuesta a problemas mayores como la inseguridad o la inflación. Sin embargo una pieza clave que conforma la respuesta a estos problemas estructurales es la designación de una fecha estimada para la solución de estos problemas (elemento propio de un plan estratégico). Esta idea fue puesta en marcha por el presidente Hugo Chávez cuando anunció la Gran Misión Vivienda Venezuela donde se propuso solucionar el inmenso, y aparentemente eterno, problema del acceso a la vivienda en nuestro país. Esta Misión se propuso la construcción de 2.000.000 de viviendas en 7 años para compensar el déficit actual.

Actualmente se ha avanzado en un 50% de la meta final, aunque es cierto que no todo ha sido perfecto y han surgido algunos problemas en la ejecución de dicho plan, esos problemas representan un porcentaje muy bajo en comparación con las viviendas ejecutadas y entregadas exitosamente. Cientos de miles de personas viven en su nuevo hogar, logrando tener una respuesta eficiente por parte del Estado revolucionario. Este ejemplo puede servir para ser aplicado en todos los ámbitos de la gestión del Estado.

Podemos preguntarnos ¿cuándo estarán las escuelas del país en perfecto estado? ¿Cuándo lograremos el autoabastecimiento de alimentos y medicinas? ¿Cuándo dejaremos de depender del petróleo? Son preguntas que todavía no tienen respuesta, pero tenemos que trabajar en ponerle fecha a esos temas o seguiremos atendiendo lo urgente sin resolver lo importante. Hace unos años si nos hubiéramos preguntado ¿cuándo se resolverá el problema estructural de la falta de vivienda? Posiblemente habríamos contestado ¡nunca! No obstante Chávez logró darle respuesta: ¡para diciembre del año 2019! ¿Se acabará con el problema de la vivienda en esa fecha? Todo indica que así será o, en el peor de los casos, de no cumplirse en un 100% el problema de la vivienda dejará de ser estructural. Más allá de que un plan específico se cumpla lo importante es que todos los planes a realizar estén enmarcados dentro de este principio.

Otro de los principales problemas que aquejan la eficiencia del gobierno es el control cambiario, específicamente la extracción de divisas y la importación fraudulenta, con sobreprecio en las facturas o importación de contenedores repletos pero de chatarra. Los mecanismos de supervisión ineficientes enfocaban las auditorias a quienes usaban dólares viajeros, cuya importancia en la extracción de divisas resulta ser una migaja comparada con los miles de millones de dólares producto de la estafa de grandes empresas, un mecanismo eficiente para combatir la corrupción es la automatización generadora de transparencia. Debe crearse un sistema automatizado en donde cualquier ciudadano, y por supuesto las autoridades, puedan verificar todo el proceso, ¿qué se importa? ¿Cuánto vale? ¿Quién aprueba la supervisión? ¿se puede seguir la distribución de los productos con el código de barra de cada uno, como lo hacen las empresas de envío de paquetes en el mundo? ¿se puede seguir la distribución de cada producto desde que se importa o se produce hasta la venta final? La automatización de los procesos debe aplicarse a todos los procesos de la administración pública, al realizar un servicio a través del computador se evita conocer personalmente a los responsables de hacer alguna gestión, lo que evita la proliferación de los gestores.

No solamente deben automatizarse y publicarse vía web el comportamiento de todos los procesos, también es necesario crear registros únicos por actividades económicas privadas y públicas. Por ejemplo un registro único de taxistas en donde el gobierno garantice a los usuarios que los chóferes estarán plenamente identificados (incluso con huellas digitales) y se verifique que no se encuentren solicitados por la justicia. Pero que ese mismo registro sirva para garantizar a esos chóferes los recursos del Estado para poder trabajar cabalmente como cauchos y repuestos, de esta forma también se evitaría que el día de la entrega de taxis, por ejemplo, no aparezcan paracaidistas oportunistas. Este registro puede realizarse a todos los chóferes y líneas de transporte público.

La entrega de beneficios por parte del Estado al pueblo debe tener un mecanismo de control más efectivo, en la Misión Barrio Adentro todavía los registros se hacen en papel de manera manual, como con los datos del paciente y las medicinas entregadas. Esto permite el desvío de recursos debido a que muchas medicinas o insumos son hurtados desde algunos centros médicos para ser revendidos hasta por diez veces su valor en el mercado ilegal. Se dejan de aplicar las normas más sencillas de inventario y, más importante aún, se permite su venta por Internet sin castigos para el que los hurta o para el responsable de velar por esos insumos. El control viene con la sanción sino la impunidad seguirá frenando los cambios necesarios. Algunos arrestos por ventas de este tipo y la operación Ataque al Gorgojo son buenas señales, pero aparentemente no representan una política sostenida o que responda a un plan general de depuración definitiva.

El partido y la vanguardia.

El PSUV y sus aliados siguen trabajando como maquinaria electoral, más allá de las actividades electorales se ha avanzado muy poco. Las experiencias en formación de cuadros fueron coyunturales, el apoyo de las UBCH en la supervisión y denuncias de abusos de comercios o de irregularidades en la administración pública han sido la excepción, no la regla. El avance y la consolidación de la revolución dependen de alcanzar la revolución cultural, tomar conciencia de la lucha de clases y la necesidad de transformar la sociedad para bien. La mayoría de los venezolanos entienden que la revolución es hecha por personas y que, en muchos casos, algunas personas se aprovechan de ella. Sin embargo sólo en revolución, y quienes se asumen revolucionarios, pueden lograr esos cambios que con el modelo de producción capitalista serían imposibles.

La vanguardia de los partidos revolucionarios, para ser efectiva, debe esparcirse por cada calle, cada CDI, cada estación del metro, en frente de cada obra hecha por el gobierno, en cada entrega de canaimas o tabletas, se tiene que explicar la diferencia entre el modelo capitalista que mantuvo más de un millón de analfabetas y, el modelo socialista que los educa y dota de computadoras. Pararse en la sala de espera de los CDI preguntarle a cada paciente ¿qué se va a hacer? Y sacarle la cuenta de cuanto se está ahorrando con respecto a una clínica privada, una radiografía tanto, una consulta con un especialista tanto y, sin importar su tendencia política, hacerle valorar el servicio del que se beneficia.

Cuadros políticos bien formados pueden tener la capacidad de organizarse en cada parroquia de Venezuela, es posible iniciar un proceso permanente de formación, comunicación e información. La contextualización de noticias impuestas por la agenda de medios privada y la correcta reinterpretación, con acceso a información y datos pertinentes, serán capaces de desmontar cualquier matriz que no corresponda a la realidad. Bien organizados y valiéndose de las tecnologías de la información y la comunicación pueden servir de canales de comunicación efectivos para nutrir al Estado de propuestas y denuncias. Lo más importante es hacer este trabajo sustentable en el tiempo, permanentemente, sin depender epilépticamente de los procesos electorales.

Preparar el enfrentamiento decisivo.

Hemos explicado como, desde el año 2012, se sabía que la tendencia indicaba una victoria opositora en las elecciones presidenciales del año 2018. Lo que hace indiscutible repensar las estrategias utilizadas por el gobierno hasta hoy, al revisar la última elección presidencial del 2013 vemos que la diferencia fue de apenas 1.25%, aunque esta elección fue producto de una situación atípica (el magnicidio del presidente Chávez), todo indica que esta tendencia esperada para el 2018 se adelantó. El resultado de diciembre del 2015 es otro indicador que, a pesar de no ser una elección presidencial, confirma la tendencia en declive del sector revolucionario como fuerza electoral predominante, ratificando un enfrentamiento decisivo.

Los avances del gobierno no necesariamente se traducen en respaldo automático al mismo, ya para el año 2004, con motivo de realizarse el referéndum revocatorio a Chávez, el 10% de los beneficiarios de las misiones en esa época votaron en contra del gobierno, aún cuando el cambio de gobierno implicaba la cancelación de las misiones. Es cierto que el Estado tiene que dar respuesta a la sociedad y cancelar esa deuda social adeco-copeyana, más de 500.000 millones de dólares se han invertido en este sentido, sin embargo no se puede pensar que por entregar un beneficio este será correspondido con el voto a favor. El oposicionismo consolidó una ideología sin correlación con la realidad, es decir, entiende la realidad parcialmente evitando llevar el análisis a los temas que no pueden explicar. No se promueve un proyecto de país alternativo, se estimula la angustia y el miedo. Esto trae como consecuencia que gran parte de la oposición sea una fuerza electoral motivada por el rechazo a un proyecto, en vez de ser motivados por el impulso de un proyecto distinto y mejor, la meta final es entonces en voto en contra del gobierno sin importar si cumple o no.

La corriente revolucionaria, por otra parte, es inspirada por un proyecto de país con objetivos concretos y el 41% del voto nacional se identifica con el. Existe un compromiso con ese proyecto, equivocado o no, porque hay correspondencia entre el discurso y la realidad, se entiende que las debilidades no son en su mayoría de un proyecto equivocado, sino de los errores en la ejecución de ese proyecto. Sin embargo ese la actual fuerza electoral de sus seguidores no es suficiente para garantizar el avance electoral del proyecto revolucionario. La formación y la toma de la calle fue una estrategia exitosa que elevó el apoyo popular revolucionario en un 95% en 6 años (del 2000 al 2006). El principal protagonista fue el pueblo en la calle y el gran comunicador y maestro ideológico fue Chávez. Ahora le toca al pueblo retomar ese protagonismo, el nuevo maestro y comunicador debe ser el pueblo revolucionario desde sus bases con formación y compromiso. No esperando líneas desde arriba, sino en coordinación entre las bases y el alto gobierno.

El impacto del 1x10 no resultó, unas pocas visitas rápidas a personas desconocidas en tiempo de campaña, con un discurso no convincente, no lograron la meta planteada. No obstante puede replantearse el 1x10 de militantes preparados con un nuevo discurso convincente que pueden acercarse, no a desconocidos, sino a conocidos. Hay tres grandes grupos de posibles votantes; a favor (A), abstencionistas (AB) y en contra (C). Al conformarse una vanguardia de militantes preparados, con un discurso convincente, se iniciaría una nueva ofensiva ideológica-comunicacional, como la que Chávez hizo en sus primeros años. La línea de avance empezaría hacia el grupo A, luego el AB y, por último el C. Lo más importante de este 1x10 sería el acercamiento a personas que conozcamos, es más fácil convencer a un amigo, un primo, o un vecino conocido ya que sabemos como piensa, se conocen sus costumbres y se puede, con respeto, mostrársele otra visión de la realidad, sin imposiciones.

Las debilidades descritas no son nuevas, en el año 2006 el sector revolucionario ganó por 26 puntos de diferencia, pero un año después perdió con 1.6 puntos en contra (reforma constitucional). Manifestándose debilidades ideológicas en quienes apoyaban al gobierno. Esa fue una oportunidad para corregir y, a pesar de ganar eventos posteriores, no se logró instaurar un sistema de comunicación, información y formación eficiente. El 6 de diciembre de 2015 se sufrió una pérdida luego de venir de dos victorias presidenciales en 2012 y 2013. Esta es una nueva oportunidad para el oposicionismo de frenar la revolución, como lo hicieron con la reforma constitucional, ahora desde el poder legislativo. Estamos frente a otra oportunidad para la corriente revolucionaria de replantearse el accionar, es lamentable la derrota legislativa pero esa derrota sólo fue un síntoma que corrobora el diagnóstico, depende del sector revolucionario aplicar medidas que garanticen la trasformación social que permita el avance socialista por la vía pacífica.

¿Avance o resistencia?

Luego de la victoria del oposicionismo el 6 de diciembre la prepotencia ha permitido revelar sus verdaderas intenciones. Igual que durante todo el siglo XX la élite oposicionista vuelve a demostrar que nunca ha creído ni cree en la democracia, sólo la usa cuando le conviene. Se repite el decreto Carmona desde la asamblea oposicionista, el artículo 10 de dicho decreto expresaba que todo el marco jurídico “está vigente a menos que colida con las decisiones del actual gobierno”, el de Carmona, de igual modo la asamblea afirma que el marco jurídico creado por el gobierno revolucionario sigue vigente hasta el momento en que ellos decidan lo contrario. Lo que significa todos los poderes del Estado, el Ejecutivo, Ciudadano, Electoral, el Tribunal Supremo de Justicia, gobernadores y alcaldes deben someterse a las decisiones de la asamblea nacional, pretendiendo, igual que en 2002, instaurar una dictadura de facto.

El objetivo declarado para el sector oposicionista en la asamblea no son leyes que beneficien al pueblo, el interés principal es derrocar la gobierno por las buenas o por las malas. Actualmente sólo hay dos formas de que el presidente Maduro salga del gobierno; la renuncia voluntaria y el referéndum revocatorio. Al descartarse la renuncia, como lo ha hecho el presidente Maduro queda solo el revocatorio, es cierto que en diciembre de 2015 la mayoría fue de la oposición y el oposicionismo, no obstante de realizarse un revocatorio no necesariamente puede repetirse este resultado.

La principal razón que llevó a ganar a la oposición no fue el crecimiento de sus seguidores (que subió apenas 4% con respeto en dos años), tampoco fue el salto de talanquera del sector chavista. La victoria se atribuyó a un gran sector simpatizante de la revolución que redujo en 26% de los electores (poco más de dos millones), esta abstención se debió principalmente a los efectos de la guerra económica combinado con una baja formación ideológica. Durante el año 2016 la crisis se mantiene, por lo que presume en el caso de una elección de cualquier tipo este será un factor a favor del oposicionismo, por otro lado el gobierno tiene a su favor el desenmascaramiento de las verdaderas intenciones de la “alternativa democrática”, hemos visto como se han aprobado una serie de leyes que claramente buscan retomar los privilegios que perdieron en 1999. La privatización de las empresas públicas nacionalizadas por Chávez, el desalojo de los beneficiarios de la Misión Vivienda Venezuela, la eliminación de derechos que protegen a los trabajadores, el desmantelamiento de las misiones, son sólo algunos de los anuncios que han alertado a quienes se abstuvieron por parte del chavismo y a quienes, siendo de oposición, no están de acuerdo con un retroceso de ese tipo.

Una muestra de que un revocatorio no garantiza la victoria para el oposicionismo es la variedad de caminos, o la ruta, que han propuesto. Al no tener la certeza de repetir los resultados de 2015, quieren promover una serie de mecanismos inconstitucionales como; la enmienda constitucional para recortar el período presidencial, la asamblea constituyente, el abandono del cargo, la renuncia e incluso hasta la nacionalidad del presidente se cuestiona, cualquier cosa que sirva para salir del gobierno. Este desespero muestra la incertidumbre y división que reina entre sus filas sin tener seguridad de cual podrá funcionar. Si descubrieran que el presidente Maduro recibió una infracción de tránsito en los años ochenta aprobarían una ley de infracción cero a presidentes con carácter retroactivo, cualquier cosa sirve.

Esta incertidumbre por una salida electoral segura los lleva a priorizar la salida forzada o el golpe de Estado. Estados Unidos ha ratificado el decreto Obama que, con la excusa ridícula de que Venezuela es una amenaza para aquel país, sustenta el marco jurídico para poder intervenir en nuestra nación. El sector oposicionista en la asamblea nacional evitó rechazar la abierta intención de intervenir ilegalmente para derrocar a Nicolás Maduro, dejando libre de cualquier duda la plena coordinación entre el gobierno estadounidense y el oposicionismo venezolano. Se repiten las condiciones del 11 de abril, donde se vislumbra inevitablemente un intento de golpe de Estado, nunca antes el oposicionismo ha estado tan cerca de derrocar al gobierno después del 2002.

El intento de golpe está anunciado. Los precios del petróleo bajaron en 80% y la ausencia de lluvia, desde el año 2013, incrementa la crisis de agua potable y energía eléctrica en en el país, todo indica que la crisis seguirá durante el 2016. El nivel de conciencia y organización de los militantes revolucionarios es muy superior al de abril de 2002, aunque no se puede subestimar la evolución del oposicionismo. La revolución se encuentra en una encrucijada, la retoma por la vía violenta del poder ejecutivo implicaría un enfrentamiento directo entre el fascismo y la revolución, capitalismo y socialismo, un escenario bastante complejo que frenaría los avances revolucionarios y llevaría a una resistencia para evitar que se instale una dictadura como la que vimos en el 2002; persecuciones, torturas, asesinatos, robos, paramilitarismo, privatizaciones masivas, entrega de PDVSA, desmantelamiento de las misiones, sumisión de la Fuera Armada al Pentágono, entre otras acciones que intentarían realizar.

Es necesaria una respuesta preventiva por parte del gobierno y esa respuesta debe ser una gestión perfecta, incluyendo la formación ideológica y el posicionamiento mediático efectivo. En los momentos difíciles es que se conocen a los amigos, frente a un nuevo intento de golpe y el auge de la crisis económica el movimiento revolucionario será depurado de oportunistas, igual que en 2002, quedando los verdaderos patriotas que defenderán con conciencia el legado de Hugo Chávez ahora y para siempre. Ya no está en discusión si la revolución continuara o no, un pueblo conciente es garantía de su permanencia, lo que esta por definirse es el camino que tomará la revolución en esta nueva encrucijada, si será por la vía pacífica o de resistencia al fascismo.